La cueca en Proleta: otra vuelta y final, sobre el Frente amplio
Martes, 03 de Enero de 2017 13:15

Carta de Daniel Flores en respuesta a misiva de Pablo Rebolledo, militante de RD.
Querido Pablo,
Gracias por tu paciencia y entablar este debate respecto a esa columna que escribí hace unos días. Me han invitado a responderte y he aceptado el desafío con alegría. Sobre todo, porque veo que estamos de acuerdo en muchas cosas. Iré punto por punto repasando tus críticas, así que perdonaras la extensión. Total, los electrones son casi gratis.

Sobre los personalismos

En efecto, como tú, siento que Giorgio y Marco (¡como tantos otros!) son personajes excepcionales dentro de la política chilena. Nos podrán caer no todo lo bien que quisiéramos, y probablemente no los invitaríamos a un asado con los amigos, ni ellos lo aceptarían. Pero menos mal, porque nadie que aspire al poder y presuma de confiable puede querer también ser medallita de oro (¿Guillier?). Y también, como tú, creo que ambos partidos, el PRO y RD, sufren, a pesar de los intentos de sus líderes, de personalismo.

Sobre el Frente Amplio como Club

¡Estamos muy de acuerdo!

Mi punto es el mismo que señalas. En el Frente Amplio tienen consignas, pero también criterios de membresía. Si a las consignas le sumas requisitos de admisión, ya no tienes un movimiento, tienes un Club. Movimientos y clubes tienen banderas de lucha, pero solo los clubes tienen membresía. Es como el Club de Toby. Toby y Lulú compartían el mismo sueño: pasarla bien (De dónde vienes pequeña Lulú, eres toda mi felicidad). Pero Toby en su Club no acepta niñas. Lulú tenía el crisma (A Lulú le seguimos, las ideas que a todos nos da), pero Toby la institucionalidad y la fuerza. Él puede excluir al que se le antoje, y sus amigos, que quieren jugar con Lulú, no pueden sino aceptar esa exclusión. Mi punto es simple y estamos de acuerdo. Si tienen criterios de admisión, no son un movimiento, son un club (u organización, si lo quieres poner en lenguaje sociológico fome). En lo que diferimos, claro, es en la valoración de esto. A ti te parece que esta es una “Nueva” forma de hacer política. A mí no. Digo, así mismo el PH armó el “Lote Amplio” en torno a Claude hace 4 años y terminaron sacando un 2% en las presidenciales. Yo soy más de la escuela de asumir que no hay novedades en política, y de armar los tinglados buscando semejanzas antes que diferencias. Más parecido, si se quiere al feminismo de la “Nueva” pequeña Lulú, quién no está ni ahí con tratar de entrar al Club de Toby, y prefiere armar su propio Stand up en el patio de su casa.

Sobre las alianzas del PRO con la Nueva Mayoría y los empresarios

Si te entendí bien, y como tuitió, a propósito de mi columna el diputado Boritch, tu afán es sacar de la política a cualquier grupo que incluya en sus acuerdos a la empresa privada, y que haya pololeado, o quiera hacerlo, con la Nueva Mayoría. Y sí, lamentablemente, creo que en este punto no estamos de acuerdo. Yo creo que la política hay que hacerla con los empresarios, no en contra de ellos (ni de nadie) -sin ir más lejos, como el mismo Jorge TSharp propuso ahora para Valparaíso, a propósito de los fuegos artificiales -.Primero, porque si es por eso, ni Raúl Castro podría entrar al Club. Y, de hecho, Revolución Democrática tampoco. Digo, poniéndolo en drama caricaturesco facho, Revolución Democrática aceptó plata de un empresario ligado a una dictadura (Max Marambio), y de los Cueto, para financiar su campaña de diputado por Santiago Centro. Mismo empresario que se cruza con la crisis de la Universidad Arcis, a la que el Diputado RD por Santiago se abstuvo de investigar. Digo “drama caricaturesco facho”, porque, no creo que Cuba sea una dictadura, porque no creo que el Diputado Jackson se haya dejado influenciar a la hora de votar, y porque no veo nada de malo en que el Diputado haya aceptado dinero de un privado para financiar una campaña, porque lo hizo de manera absolutamente legal. Como tampoco veo nada de malo en que el resto de sus financistas hayan sido Máximo Pacheco Matte y Alejandro Guiller, Un Ministro y un Senador de la Nueva Mayoría.

Claro, me replican los amigos -y más o menos fue lo que trató de insinuar el Diputado cuando explicó esto en la prensa-, que cómo vas a comparar las chauchas que pidió RD para financiar su campaña -a Diputado-, con las que pidió el PRO para financiar la suya -a Presidente, parlamentarios y CORE-. Y cuando lo hacen, yo me acuerdo de esa hermosa escena de Una Noche en la Opera, cuando Groucho le pregunta a una señorita:

– Dígame, ¿se acostaría Ud. conmigo por un millón de dólares?

– Por supuesto.

– Y por cinco dólares,

– Pero ¿quién se cree usted que soy?

– Lo que usted es ya ha quedado claro, ahora estamos negociando el precio.

Así que, mi querido Pablo, no nos miremos el financiamiento entre militantes. Porque yo no veo lo malo en buscar financiamiento privado para financiar las campañas políticas, si es que eso es lo legal y está bien reglamentado. No es mi óptimo. Pero yo crecí cuando en la ANFP estaba Abel Alonso y se probaron los tiros libres sin barrera, para ver si funcionaban. Para mí las reglas no son principios. Se toman, se prueban, se cambian. Y creo que RD y el PRO, a escalas distintas, por los montos y cargos en juego, hicieron todo apegado a las reglas. Ni más ni menos.

Y lo mismo con los coqueteos con la Nueva Mayoría. Creo que es imposible construir un bloque de izquierda con capacidad transformacional sin la izquierda. Y nos guste o no, la mayor parte de la izquierda (la que tiene más experiencia y más historia), hoy está con los militantes y políticos -jóvenes y viejos- de los partidos de la Nueva Mayoría. Y, además, seamos francos –porque al perderte yo a ti tu y yo hemos perdido– quien sí entró al Gobierno de la Nueva Mayoría fue RD y no el PRO (pudiendo haberlo hecho). Claro, RD entró haciendo como que no, con ese hermoso eufemismo de la “Colaboración Crítica”. Y lo hicieron poniendo militantes con 9vo medio -licenciados y recién titulados de sociología, entre otras-, en puestos donde ganaban sueldos de hasta 4 millones. Y peor que peor, después se salieron -no todos- para hacer como que nunca estuvieron, y precisamente, cuando el Gobierno más apoyo necesitaba por la crisis que enfrentaba.

Las elites de RD son hijos de políticos y ministros de la nueva mayoría (¡el nuevo MAPU poshom!), los financia la Nueva Mayoría, compiten protegidos en cupos de la Nueva Mayoría, ganan sueldos como funcionarios del Gobierno de la Nueva Mayoría, pero ahora desprecian a todo el que se junte a tomar un café con militantes de partidos de la Nueva Mayoría, que no sean ellos. En mi concepto, esto tampoco es una nueva forma de hacer política… Si lo que andas buscando son fórmulas novedosas.

Sobre la Transparencia como centro de lo a-moral

Fíjate que no es una volada mía. Hay un filósofo alucinante que se llama Byung-Chul Han -uno de los más importantes de lo que va de siglo-, que tiene un libro que se llama La Sociedad de la Transparencia (si te dan permiso para que nos tomemos un café, te lo puedo pasar, sino te lo mando por amazon). Este filósofo plantea que el fin de la política será ese momento cuando toda ella se reduzca a la escenificación de la transparencia. Porque, cuando haces de la transparencia el centro de lo político, terminas habitando solo ese sector del mundo al que le haces dedito para arriba en Facebook, porque “te gusta”. Y entonces desintegras la esfera pública porque te niegas a discutir con quién piense distinto, y con quién valore las cosas de un modo diferente. Es el fin de la democracia -ahora citando a Arendt-. Esto, es una nueva forma de privatizar el mundo, ahora, de la moral. Porque los temas de la transparencia quedan reducidos, simple y llanamente, a los que decida filtrar -descontextualizadamente- un fiscal, y promocionar luego un periodista. Lo que es transparente hoy, es lo que decide como transparente el líder del partido de los transparentes. Y hoy, en este devenir perverso de la híper-transparencia, es más importante la nula experiencia política, del que nunca se la jugó ni renunció a nada por nada, que la del que arriesgó hasta el pellejo y su libertad por promover sus ideales.

El riesgo de la hipertransparencia es doble. Primero, porque la transparencia se banaliza, y se transforma en placer de espectadores. En el circo romano que el fiscal y el periodista decidan armar. Y segundo porque, si hay un populismo, es ese que, en nombre de la “transparencia”, declara la muerte de la vieja política y el nacimiento de la nueva (ellos mismos). Ya no hay izquierdas ni derechas, hay transparentes y no transparentes. El absurdo es tal vez triple, porque el dialogo queda más o menos así:

– ¡Vengan, queremos cambiar las reglas de este sistema!!

– ¡Hola!, venimos a cambiar las reglas de este sistema (o algunas por lo menos)

– ¡Ah no! parece que tú, o alguien como tú, ha roto las reglas de este sistema

La cosa es, Pablo, que, en el PRO, lamentablemente, nunca hemos ganado una elección presidencial ni parlamentaria (bueno, sí ganamos dos veces -con Marisela y Álvaro Escobar-, pero el binominal nos dejó fuera). Y que, por tanto, nadie ha ocupado cargos en el Gobierno, ni ha ganado plata o se ha enriquecido con fondos públicos. Así que, qué tal si mejor dejamos de mirar la paja en el ojo ajeno, y nos guardamos todos estos trapitos. Porque, otra de las trampas de la hípertransparencia, es creer que en política no tienen que haber secretos. Y, sobre todo, porque la verdad es que yo quiero, de corazón, porque defendemos casi lo mismo, que a ustedes les vaya muy bien, y que un día de estos podamos seguir remando todos para el mismo lado, pero en el mismo bote.

¡Abrazos y parabienes para el 2017… y que gane el más mejol!

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